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UNA TRUCHA MUY INSÍPIDA
He oído que al alcalde le apodan “el trucha” por lo escurridizo que es. Y qué delata esa naturaleza humana sino inseguridad. En ese hueco entró Megino hace tiempo, con lo que la indefinición es aún mayor. La gente, desde el primer momento, advirtió una suplantación de personalidad, y no una simbiosis o un alter ego, algo que la opinión pública nacional asumió en el tandem Gónzalez-Guerra, por ejemplo. Lo que pasa es que en Almería no sabemos quién es realmente el que lleva, no la alcaldía, sino los asuntos de gran calado en el equipo de gobierno. Y como habréis podido comprobar, yo mismo, en lo que llevo escrito, he derivado hacia el que no es trucha y la trucha se me ha escapado.
Si perpetuamos este escenario, probablemente estaremos hablando de otros cuatro años de falta de nitidez, no en la identificación personal, sino en la política, en las consecuencias de las tomas de decisión. Estaremos hablando de continuismo, y si la mayoría absoluta le sonríe a nuestro personaje, entraríamos en el terreno de lo enigmático, porque qué íbamos a decir de una política desconocida, qué pensar del gobierno municipal si antes no pudo o supo frenar el despilfarro, la venta de patrimonio, el deterioro de los barrios y el centro histórico, la indefinición de estilo de ciudad, la caótica materialización de un PGOU a la carta, la indefensión del ciudadano ante la inseguridad, la suciedad de calles y plazas, la falta de servicios públicos acordes con los tiempos o en contraste con otras ciudades cercanas; qué podremos decir ante tanto interrogante proveniente de una corporación secuestrada por la casuística y a merced de personalismos. No, esta vez no podemos permitir que se repita la imagen de un alcalde escurridizo, sin sabor, y de poca sustancia a la vez. |
