Me preocupa y mucho que el gas de Argelia entre por la costa de Almería. No se trata de vetar una fuente de energía que con toda seguridad necesita Europa, España y Almería, pero el sistema capitalista nos tiene acostumbrado a tirar por la calle de en medio y no reparar demasiado en lo que solemos llamar efectos colaterales, que yo juzgaría en este caso de consecuencias esenciales, y eso es lo que me preocupa. De entrada todo lo que huela a gas entraña peligro, y el Mediterráneo no está precisamente para hacer unos Juegos, sino para tener cuidado y no quitarse la mosca de la oreja.
El gas, a grandes rasgos beneficia a unas cuantas empresas y puede llevar consigo el deterioro y el peligro a muchos ciudadanos. Por eso convendría, sin las prisas que le han entrado al señor ministro de industria, analizar más políticamente el asunto y sopesar no sólo la proximidad geográfica, y con ello el coste de la obra, sino la infraestructura creada ya en el puerto y planta energética de Cartagena, que tampoco está demasiado lejos y no repercutiría tanto en esos trescientos kilómetros que separan el yacimiento de la costa europea.
Meter el gaseoducto por el parque natural de Cabo de Gata es un disparate, y Chaves debería pronunciarse al respecto pues la cuestión política y la defensa del territorio le compete como máximo responsable. Todo el mundo quiere el gas, pero nadie se interesa por tenerlo cerca, por qué. Cuando oímos gas oímos también seguridad, oímos atentados o puntos vulnerables, objetivos armados prioritarios y demás yerbas. Ojo al gas porque estos viene a todo gas a por nosotros. Tendríamos que pensar en la Coalición en una plataforma que defienda a la ciudadanía ante semejante movida.
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