No le bastó al inefable alcalde Roquetas cambiar Gran Plaza por desdoblamiento de carretera de Vicar. No le bastó, y es más le gustó, independientemente del follón administrativo y judicial. Ahora se trata de otra cosa, pero con la misma estrategia: presión a la Junta para que construya un hospital (El Ejido tiene uno y nosotros no), miedo electoralista, chulería política y demagogia barata. La Junta se acojona y dice que haga el hospital. ¿Quién lo paga? Pues lo paga una empresa a cambio de aprobar un convenio con el que se construyen cuatro torres con el cuádruple de edificabilidad prevista en ese sitio, y lo más grave, relegando las viviendas de protección oficial que ahí se iban a construir, a otro lugar ya consolidado junto al mercado, donde ya no hay aparcamientos, ni jardines, y donde el pueblo ya se ha convertido en agobiante.
Y hay más: las construcciones producto del pelotazo se harán junto al cauce de una rambla que tiene un lecho capaz de arrastrar más de cuatrocientos metros cúbicos de agua por segundo, rambla que la empresa pretende embovedar, a lo que la comisaría de aguas se ha opuesto, pero que la Junta –desde su delegado en Almería- no ve nada especial en esta operación, en lo que respecta al convenio urbanístico, con lo que la propia Junta entra en contradicción. Estamos a tiempo para denunciar, porque después pasa lo de Gran Plaza, que el alcalde, hombre bueno porque da trabajo, le gana a los sindicatos que se ven incapaces de estar contra el cierre, porque no tienen argumentos sólidos que compaginen la creación de empleo con la sostenibilidad del territorio.
Jesús García lo ha hecho en nombre de Manos Limpias para el Urbanismo de Roquetas: hay empresas ligadas a la que va a construir que son propiedad de familiares del alcalde. En definitiva, en nuestra Almería de mil amores, se siguen haciendo cosas sin mirar las marbellas anteriores, y la Junta tampoco mira algarrobicos pasados… pues adelante Gabriel, aunque te conozcan por Grabiel.
Paco Campos
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