Qué buena campaña ha hecho nuestro equipo. El ascenso a primera división será la antesala de la convocatoria electoral, y se ha querido conjugar ambos acontecimientos como si la política del equipo de gobierno municipal hubiera desembocado en el triunfo deportivo. La gente no es tonta, pero el mensaje subliminal se desliza e impregna el subconsciente colectivo de tal manera que la asociación de ideas pueda parecer inevitable a más de uno. Por eso hay que advertir que no hay razón para pensar que estar en contra de alguna iniciativa tocante a la euforia que se ha desatado en torno al fútbol es algo que pueda censurarse.
En el último pleno, nuestro concejal se opuso a ese proyecto de ciudad deportiva que se ha auspiciado al calor del triunfo y que ha encontrado eco en la ciudadanía, pero que nos hace pensar que sobre esa propuesta se cierne la sombra de la especulación. Por eso votamos que no a ese proyecto, admitiendo a su vez, la conveniencia de desarrollar un ámbito donde el deporte sea promovido desde las instituciones públicas para uso y disfrute de los ciudadanos, y no sea moneda de cambio para que un grupo de individuos se forre a costa de ese subconsciente colectivo del que hablaba antes.
Hay que estar siempre atentos, y esto es penoso decirlo, a los movimientos de esta fauna asilvestrada que con cualquier pretexto procura hacer su agosto al amparo de las instituciones públicas. Cuidado. Veremos qué pasa una vez que la calentura del fútbol baje grados. Por el momento, los partidos políticos que apuestan a caballo ganador quieren compaginar política y fútbol porque buscan votos donde pueda haberlos. Nosotros estamos orgullosos de nuestro Almería, de nuestro equipo, pero por eso no tenemos por qué aplaudir las pillerías de cualquier advenedizo que le haya echado el brazo por encima al alcalde, al subalcalde y a Amate –nuevo en esta plaza.
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