Desde un tiempo a esta parte vengo observando que la crispación en este país nuestro viene subiendo de volumen día a día. El mal tono, el mal estilo, se va instalando casi a diario en nuestra sociedad. Unas veces provocado o iniciado por los principales políticos del país y en otras por algunos medios de comunicación que les siguen el juego, así muchas veces se convierten en portavoces, contribuyendo al mal ambiente y con ello hacen que este malestar llegue a los propios ciudadanos, aunque, afortunadamente a estos últimos les llega cada vez menos porque comienzan a estar cansados de este mal clima y lo que hacen es desconectar.
Es probable, hasta posible, que los enfados de unos y otros puedan estar justificados, no lo niego, pero lo que no lleva a buen sitio, es el estilo y las formas de hacerlo. Muchas veces estos estilos hacen incluso olvidar si existe o no razón o cual puede ser el fondo de la cuestión y nos quedamos tan solo en el escándalo, en la provocación, en la forma chabacana, barriobajera y cutre de manifestarse.
La democracia consiste en que todo el mundo pueda opinar, es cierto, aunque sea de forma distinta, diferente, contraria, de expresarse libremente pero eso si desde el respeto hacia el otro, no intentando imponer, no queriendo romper, no tratando de enfrentar,…sin embargo a veces da la impresión de que interesa más el hacer mucho ruido, que el llevar a buen puerto las razones de cada uno. No se piensa en quien puede estar escuchándonos, no se piensa en las repercusiones que esto puede tener en la sociedad.
En “sabias” tertulias se comenta sobre la forma de hablar de los jóvenes y adolescentes, de la falta de respeto que tienen hacia sus mayores y hacia sus iguales, de la violencia física que se produce, a veces con final de muerte, pero… ¿Qué ejemplo estamos dando los adultos, cuando los políticos que nos representan, elegidos por el pueblo, los que guían nuestro futuro… utilizan cada día formas y estilos tan agresivos, donde parece que todo vale? Los epítetos mas cariñosos que se dedican unos hacia otros pueden ser tales como: “terroristas, mentirosos, falsos, ladrones, marionetas, voceros, mueble, maniquí, miserables, golpista, asesinos, cobardes, payaso o hago tal cosa porque me da la gana,…”
Parece que se hubiese entrado en una escalada, que no tenga final y esto no es bueno para nada y para nadie. Es necesario pararse, sentarse, reflexionar, serenarse, hacer un alto y cambiar los estilos, las formas, porque se chille más no se tiene más razón.
No podemos tirar la piedra y esconder la mano. Crispar a la sociedad a los ciudadanos y luego pretender que estos se comporten de forma noble. No podemos estar ofendiendo, vociferando y después asustarnos de situaciones violentas en temas de trafico, en las salidas nocturnas de los jóvenes, en los malos tratos,...
Cuando llueve todos nos mojamos, si lo que llueve son insultos y malos modos acabaremos todos empapándonos de ese mismo mal estilo que puede desembocar en cualquier barbaridad. Por tanto aquellos que se comportan de esta forma, algunos políticos y determinados medios de comunicación, fundamentalmente, serán responsables de lo que pudiese suceder en otros ámbitos de nuestra vida cotidiana, si se siguen vertiendo frases y declaraciones incendiarias, porque puede ser muy peligroso, el fuego muchas veces se puede volver en nuestra contra…y además ya se sabe que quien con fuego juego…
Ginés J. Parra Córdoba. Educador Social.
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