Amate se lava hoy la cara con la reposición de la escalinata real del puerto, y el ayuntamiento le presta el jabón. En su día ambos hicieron oídos sordos a voces que pusieron el alerta ante tamaña atrocidad y despropósito de desmantelar las escalinatas centenarias que daban al puerto una personalidad histórica precisamente por su ubicación y por su carácter arquitectónico. Pero Amate, en su afán de protagonismo –este es de los que se cree, como Cazorla, que haciendo cosas hablan de uno, aunque lo que se haga sea para llorar- descompuso el espacio marítimo y se equivocó al ofrecer a la ciudad una cochambre vallada y llena de obstáculos como recinto portuario: baste ver otros puertos para ver la diferencia.
Amate se quedó con las piedras de las escalinatas por si acaso, y fue después de verse en los papeles cuando optó por resituarlas en un espacio que nada dice del sentido primordial para el que estuvieron diseñadas. Antes pensó en dejarlas en la desembocadura de la Rambla, algo que demuestra que este señor no tiene ni puta idea de lo que hace. Y hoy saca el bombo y el platillo –nunca mejor dicho- para hacernos creer que tiene apego por la historia. Pero lo que hace es falsear la realidad, lavarla, engañarnos con música de fondo.
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